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Cròniques d'un soldat - Editorial El Toll

Cròniques d'un soldat és l'estremidor relat d'un supervivent de la Guerra Civil Espanyola, en Salvador Beltran Marcó, incorporat per lleva a les files del bàndol republicà el juliol de 1937. Home senzill i treballador, amant de la seva família per damunt de qualsevol altra cosa, és obligat a marxar ("Aquella guerra no era cosa meva; m'havia estat imposada, però no era meva", diu ell), per a veure's immers en el despropòsit bèl·lic que el va mantenir allunyat dels seus durant més de dos anys. Serà testimoni directe de la ineficàcia, el descontrol i la desorganització de l'exèrcit republicà. El març de 1938 viurà la retirada d'Aragó, en la qual coneixerà penúries extremes, i la por de ser empaitat incessantment pels nacionals. La fugida: cap a França. Havent aconseguit traspassar la frontera amb els seus companys, serà internat en els camps de Prats de Molló, primer, i Septfonds, després. L'internament en aquests camps el farà viure experiències horribles: la fam, el fred, la malaltia, la mort dels companys..., la sensació que la vida no val res.


Cròniques d'un soldat neix a partir de la narració oral que el propi protagonista va fer davant d'una enregistradora de cassette, a instàncies d'un dels seus néts. Posteriorment, tot el material enregistrat va ser transcrit en paper i ordenat per Salvador Beltran fill (que, per cert, va néixer durant la guerra pocs mesos després que el seu pare marxés), el qual ha afegit uns comentaris personals a cadascuna de les parts en què s'estructura el que ha acabat sent aquest llibre; "uns comentaris que tenen l'interès d'estar fets per un fill sobre les vivències del seu pare, setanta anys després que tot allò passés".
 

ORQUÍDEAS PARA CLARA - Un cuento de Delfina Acosta


Por un camino de polvo uno iba a la Farmacia Lázaro, y ahí, el farmacéutico, que llevaba una vida sedentaria, te contaba algún chisme, cualquier zoncera, porque gran cosa no ocurría nunca.
Todo era un asomarse a la ventana, y mirar a la calle, que al atardecer tenía un color sombrío y apagado, y luego, cansado del triste espectáculo volver a meterse en la casa para esperar que cayera la noche y echarse sobre el lecho.
En la casa de enfrente vivía una adolescente paralítica.

A las seis en punto de la tarde, una mujer robusta, con el cabello recogido en un pañuelo de colores, la sacaba al patio que daba a la calle, y la adolescente, de rostro pálido y pecoso, se quedaba como un ave sobre un tendido eléctrico, ansiosa por volar, pues había que ver cómo se le quitaba el rostro triste, y la elocuencia, las palabras en pleno aleteo, le dibujaban un semblante feliz.
En las otras casas, que eran pocas, las puertas permanecían cerradas.
La gente no caminaba al atardecer por la calle.
Y aquella conducta de sacar al perro para que paseara no existía pues las personas eran de vivir adentro, y escuchar la radio que pasaba música internacional, pero de las salidas del fuelle de un acordeón, del viento de un trombón y de las teclas de un piano, y no las que alcanzaban los pulmones de un vigoroso tenor italiano pues la tendencia era oír sólo el clamor de los instrumentos musicales.

Clara se aburría.
Era demasiado largo el tiempo que transcurría entre los cuerpos celestes, con fogonazos y apagones de luz; ella daría lo que fuera por atraer la atención de alguien, y luego pedirle que le contara todo, desde el principio hasta el final, o sea alfa y omega, y seguir así, dale que te dale, y que fuera tarde para continuar hablando y aparecieran las primeras luciérnagas del crepúsculo, pero continuar lo mismo.

Mientras comía, a la hora del almuerzo, su invariable porción de chuleta de cerdo y de puerro, pensaba qué haría después de la siesta, en qué distracción haría vagar sus horas blancas, pero terminaba sentada en el sillón del patio, leyendo alguna vieja revista.
Durante una tarde de sol que picaba, y mucho, alguien golpeó las manos en su portón.
Fue a atender.
Era un hombre oriental. Dijo llamarse Kato Akagi. Y bajo el sol inclemente y picante como un sello salino en la frente, le fue diciendo, con suma amabilidad, que traía orquídeas de las mejores y de las más exóticas especies, y que se contentaría, en caso de que lo tomara como jardinero, con un lecho para dormir y comida. Conocía bastante de plomería y de instalaciones eléctricas además.

Clara sabía que no podría mantenerlo, pero ya le vendría una invención, una idea, una chispa hija del apuro, y lo contrató.
El oriental, que resultó ser japonés, tenía su edad: 30 años.
A los quince días Kato ya había formado bajo la enramada de la vid un sitio rectangular y parejo para las orquídeas, que él llamaba “su pueblo”. A menudo lidiaba contra las abejas que venían atraídas por el líquido dulzón de las frutas con un heroico sentido del humor.

Clara se sentía contenta. Por fin alguien con quien charlar.
Después de cenar (el japonés comía en un cuarto grande destinado a los cachivaches), le pidió que viniera a sentarse a su mesa.
Jamás supo lo que era darse aires, ni inyectar un tercio de ampolla de maldad a la gente, porque en ese pueblo de diaria consumación de la indiferencia, el necesario placer de odiar a una persona, nunca había tenido su proceso ni ocasión.
Así fue que ante la mirada de Kato, saboreó ronroneando su postre, y le comentó que lo hizo a la tarde y lo dejó enfriar, y luego, sorbiendo el jugo de durazno que hacía perfecto maridaje con el zumo de piña, cerró sus ojos largamente como si fuera que estuviera viajando y le contó que podía sentir no sólo los sabores sino también los colores.

- Esto es un manjar de los dioses. Ambrosía pura - suspiró.
Después, temiendo que Kato tomara de un salto su postre, se animó a tragar un durazno entero, y le fue contando, dale que dale, que se sentía contenta con su trabajo aunque el rociado de las flores le parecía excesivo. Pero en el momento le pidió perdón porque qué podría ella saber de orquídeas.

Y se levantó de la mesa y vio los dientes sanos de Kato mostrando una sonrisa obediente en señal de las buenas noches. Clara se sintió triunfal.
En los días sucesivos charlaba de cuando en cuando con Kato.
Le observaba hacer las cosas (vestía siempre una camiseta de frisa y pantalones a rayas) con la cabeza inclinada sobre el objeto de su propósito. Y ella pensaba, pensaba, y no se le ocurría con qué maldad darle un maltrato porque nada más se le cruzaban por la mente preguntas, que él contestaba hacendoso. Y cuanto más se volvía respetuoso y puntual y preciso en su comunicación, más Clara se irritaba.

Un día, estando la tarde calurosa, vio dos escorpiones junto a la rejilla del cuarto de baño. Los tomó con papel y los dejó dentro de un viejo tarro de pintura “Látex” donde Kato guardaba un aditivo para el abono. Se sentó a esperar mientras escuchaba música de la radio.
Y cuando ya la música le iba dejando en estado de sopor, sintió, sobresaltándose, la presencia del japonés. Le mostró los insectos acercándolos cuidadosamente a su rostro, y los bajó sobre una baldosa, y una vez que los desesperó y los indujo a muerte prendiendo fuego a su alrededor, los llevó a su boca, hizo un buche con ellos, para después escupirlos muy lejos.

- Estos bichos salen cuando hace calor - dijo. Una sonrisa burlona le blanqueó e iluminó la cara.
Pero hubo cierta hora de ese día en que Clara sentía el calor agobiante de la noche. Se imaginaba corriendo, desnuda, con el cabello suelto. Los insectos nocturnos buscaban su rostro, sin embargo ella seguía corriendo, descalza, afiebrada y ligera, y algo de la brisa y del sudor se prendían, confabulados, de su larga cabellera suelta. Y fue sin darse cuenta que paró de correr, pues estaba ya en el cuarto de Kato, quien dormía desnudo.

Ella le dijo cosas tibias en el oído para que despertara.
Y él despertó, y nombró a su esposa y a su hijo pequeño varias veces, levantando una barrera.
Pero ella no quiso escucharlo.
Esa manera suya, como de serpiente, de deslizarse, de desprenderse de la fuerza de los brazos de Clara, hasta llegar al suelo, era su forma de pedirle disculpas por no poder atender a sus requerimientos.

Tocando su sexo, lamiéndole las orejas, hablándole como desde un lugar secreto y lascivo de la noche, siguió insistiendo.
Repasó con su lengua furiosa su cuerpo y rozó con sus largos dedos finos su rostro hasta llegar a sus tetillas.
En un momento apretó sus senos contra su pecho. Se oyó a sí misma ronronear.
Fue entonces cuando bajó su capullo oscuro hasta el sexo masculino y besó en la boca a Kato. Empezó a hacer leves movimientos; ellos parecían dibujar una flor oscilante de una rama. Y aquellos movimientos sin posibles errores, aquellas olas altas y bajas, aquel placer que empezaba a formar parte de un viento que había perdido el control de sí mismo, comenzó a escurrirse como el zumo del mar librado a la oscuridad.
La quietud de la noche era grande.
Ella dibujó en el cuerpo amante la forma de un círculo.

Suspiró satisfecha mientras observaba, a la luz blanca de la luna, la silueta de un gato sobre el tejado. Los gatos le inspiraban desconfianza, pero aquel minino despertó su ternura.
Todavía su cuerpo tenía memoria del placer cuando vio a Kato, parado frente a ella.
Un ave chistó dos veces a lo lejos y voló huyendo.
El hombre sujetó fuertemente sus dos brazos mientras hundía un cuchillo en su cuello, su largo y suave cuello de cisne, que empezaba a manar sangre tibia.
Muerta, con algunos claros rojos de la sangre sobre su piel blanca, Clara parecía una rara y exquisita orquídea.

Delfina Acosta

Premio Internacional de Poesía San Juan de la Cruz‏

Fecha de cierre: 31 de julio de 2010

Mayor información:
Formulario de contacto:

http://www.obrasocialcajadeavila.org/contacto/index.html

Certamen Literario Vendimia 2010 (Mendoza, Argentina)‏

Fecha de cierre: 1 de junio de 2010


La Secretaría de Cultura del Gobierno de Mendoza convoca al Certamen Literario Vendimia 2010, que se realiza como parte de los festejos vendimiales, en homenaje a la labor creadora de los mendocinos y como aporte para la publicación y difusión de los autores.
 
Mayor información:
E-mail: edicionesculturales@mendoza.gov.ar
Telfs.: 0261 - 4495833 • 4495838 • Interno 846.

Conoce los servicios de Letralia para los escritores de habla hispana:
http://www.letralia.com/servicios/profesionales.htm

Concurso de Cuentos “José Calderón Escalada”

XLVI Justas Literarias - XXXVIII Concurso de Cuentos “José Calderón Escalada”
Fecha de cierre: 10 de julio de 2010

Mayor información:
casaculturasd@casaculturasd.org

La Lluna en un Cove, relats de ficció. #17

El nou número:

La Lluna en un Cove 17

Una nova selecció de magnífics relats de ficció en català. La narrativa més actual: un magazín fet a partir de les aportacions literàries de nous autors. T'ho perdràs?

Fer comanda:
http://www.lallunaenuncove.cat/llunambuls/cataleg.htm#dalt

El Otoño - un poema de Lino Pizzolon


El otoño es cualquier lugar donde el resto del mundo sobra

donde la naturaleza se encoge
y todo está bien donde está y como está
el aire en suspenso, el solo murmullo del arroyo y del silencio del viento
hora de estarse muy quieto
y de aguzar los sentidos .....
Mensajes sutiles o invisibles,

en las nubes, en aire, en la tierra, en el agua,
o, en destellos de luz.

En el alma,
fibras nuevas, o dormidas, alumbran con luminosidad propia.

Una hoja de otoño es perfecta

es impecable en su muerte amarilla
en su contorno aserrado
en su entrega, íntegra y sin derrota,
y todo está bien así como es.

Son incontables, pero esta ramita que sostengo en mis manos

en su belleza, tiene un mensaje para mí,
la levanto, la veo y la guardo conmigo
sigo mi camino,
me invade una onda de enorme gratitud
por este don gratuito

por este oro derramado en abundancia,
gratis y sin usura
que sin permiso se traspasa los alambrados, y los muros.

Lino Pizzolon
en Puerta E
http://puertae.blogspot.com/2010/05/el-otono-segun-lino-pizzolon.html

La Unesco lanzó la Biblioteca Digital Mundial


El acceso es gratuito y los usuarios pueden ingresar directamente por la Web, sin necesidad de registrarse.

Disponible en Internet, a través del sitio http://www.wdl.org/
Reúne mapas, textos, fotos, grabaciones y películas de todos los tiempos y explica en siete idiomas las joyas y reliquias culturales de todas las bibliotecas del planeta.

Tiene, sobre todo, carácter patrimonial", anticipó ayer Abdelaziz Abid, coordinador del proyecto impulsado por la Unesco y otras 32 instituciones.

Claudia Bello
Departamento Estadísticas Municipales
DEIE - Mendoza - Argentina
Enviado por Hugo César

Janice Montouliu: Poesia Infantil y más..


Te invitamos a conocer y sumarte a su grupo en Facebook
http://www.facebook.com/pages/Janice-Montouliu-Poesia-Infantil-y-mas/112746732094936

FERIA DEL LIBRO DE BUENOS AIRES: Balance positivo

"Hubo más visitantes que el año pasado (1.170.000), en el que estábamos en medio de la crisis mundial. Y se ha vendido más: las editoriales dicen que vendieron entre un 5 y 10 por ciento más de volúmenes" que en 2009, señaló Horacio García, presidente de la Fundación El Libro, organizadora de la feria.


Más info en:
http://www.gacemail.com.ar/Detalle.asp?NotaID=15715

Cantares mexicanos


La flor y el canto

Anónimo de Chalco.

Brotan las flores, están frescas, medran,
abren su corola.
De tu interior salen las flores del canto:
tú, oh poeta, las derramas sobre los demás.

 
Poesía Nahuatl

http://www.webislam.com/?idt=6578

Semblanza de algunos escritores - por Delfina Acosta

Madame Bovary es una novela que ningún escritor debe dejar de leer. Su autor, Gustave Flaubert (1821-1880), se sumergió en un proceso creativo que le llevó casi cinco años de su vida. La mitad de una década.
A menudo se hace encuestas entre escritores y personalidades de la “realeza literaria” buscando saber cuáles son los libros de su preferencia, y Madame Bovary sale gananciosa, en un preciado segundo lugar, después de Don Quijote, escrito por don Miguel Cervantes Saavedra (1547 - 1616)(en la imagen de la nota). Se dice de la novela que es parte del movimiento llamado romanticismo tardío. No. Yo creo que no se puede clasificarla porque eso significaría aprisionarla en algún grado. Madame Bovary es una obra que permanentemente servirá de inspiración a los lectores y escritores pues la vida, sus pasiones, sus arrebatos, sus vaivenes, su dulzura, sus prejuicios, sus dramas pasan por ella. Y si bien Gustave Flaubert fue su autor (decía su familia que a veces se manifestaba como un hombre neurótico), los dioses pusieron el hilo de sus estrellas en sus páginas.
La metamorfosis, del escritor Franz Kafka (1883- 1924), es una obra que está siendo injustamente relegada en estos tiempos que corren.

Entre la magia y el oficio consumado, la obra cuenta la historia de un hombre que despierta convertido en cucaracha. Y es el lenguaje, que aborda una suerte de realismo mágico, el que va registrando los primeros movimientos de Gregorio Samsa cuando intenta, convertido ya en insecto, levantarse del lecho. Ah..., el susto de la familia al ver a su Gregorio convertido en una horrible cucaracha, y la irritación —después— de los familiares que reniegan de la situación, son captados con un lenguaje que a mi modo de ver, es una especie de pequeño meteorito literario caído en la literatura universal. Meteorito que deslumbra a los lectores, los escritores y los críticos literarios.
Y luego está Don Quijote, obra maestra, madre de todas las criaturas que nos lleva a regiones infinitas de la revelación literaria, porque el lenguaje con que fue concebido es un ejemplo de Arte, pura excepción. ¿No son acaso un verdadero divertimiento para el alma triste aquella estadía del caballero andante en el hostal o la posada donde se resiste, caída ya la noche, a los empeños amorosos de una moza, pues su corazón pertenece solamente a Dulcinea del Toboso?
Quien leyó Don Quijote termina cavilando sobre lo “inexplicable” que resulta que se hayan podido escribir dos enormes tomos de una obra genial, considerando que no hay desperdicio en hoja alguna, y que todo en la novela revela un lenguaje cuyo flujo y reflujo literario provoca admiración en críticos, escritores y lectores.

¿Y qué decir de los entremeses?
¿Y de la novela La Galatea?

¿En qué tiempo escribió tanto y haciendo uso de tan extraordinaria manera o modo?
Entonces, pues, considerando que tenemos maestros tan dignos como ejemplares, no nos rindamos los escritores, y busquemos la forma que enamora, si poesía escribimos; y la prosa que deslumbra, si pergeñamos un cuento.
 

El Tamborilero de Ravel. Por: Los 7 Samurais




Soy el unico que guia esta orquesta

(correte Barenboim)

Ven, este es mi trabajo

Y pongo todo mi empeño para que se luzcan

Vientos, Maderas es todo suyo

Y sigan todos los demas.

Vamos, Vamos Incresendo, Incresendo hasta el final

No paren, No paren.

(Tratemen como a un niño

No tuve un buen dia hoy

Saben lo que es despertar

Y que ella no este).

¿Que le pasa al corno ingles?

Nunca estuvo asi, algo le pasa.

Huy, que mal que esta hoy el flautin

Y este Picolo de donde salio?

Vamos, no paren, no paren

Yeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee

Vamos, los sigo guiando

Rataplan, rataplan

El dia que me raye

tocaran la Marsellesa.

Como pulsa la arpista

Estas rusas son geniales

Vamos nena que esto es Ravel

Vamos nena ni se te ocurra pestañar.

Haaaaaaa, esto es felicidad

Vamos, estamos todos a punto

Cambien esas caras

Esto es Ravel.

 Pena (L7s7)

35º Premio Enrique Ferran de Artículos “En qué se puede creer”

La revista de pensamiento y cultura El Ciervo

convoca el Premio Enrique Ferran

Tema: EN QUÉ SE PUEDE CREER

Las creencias son hoy más variadas que nunca.
Algunas personas creen en materias más tangibles ­el dinero, la ciencia­, otras en cosas que lo son menos ­religión, amor. ¿Son todas iguales?
¿Cuáles nos hacen mejores? En suma, ¿en qué se puede creer y por qué?
 
Mayor información:
redaccion@elciervo.es
 
Letralia, Tierra de Letras
http://www.letralia.com/

Los libros de Daniel Galatro

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en Lulu.com

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