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"Alma de lenga" - un poema de Lino Pizzolon



Ser espíritu de lenga, tener alma de lenga
es respirar en sus bosques el oxígeno emanado de sus hojas,
beber su química y dejarse penetrar de su física invisibles;
es ser sensible a la invitación acogedora de los claros en el bosque y detenerse en ellos hasta escuchar la melodía silenciosa;
es abrazarse al hermano árbol, pedir, agradecer
y sentir sus energías curativas y la restauración interior;

Tener alma de lenga
es aprender a hundir las raíces en la tierra, en lo oscuro, y extraer de allí el nutrimento esencial,
y es saber llevarlo y brindarlo elaborado, al cielo,
es saber abrirse a la luz, desplegar todas la ramas y aprovecharla toda;
es saber resistir los embates del viento,
tener alma de lenga es quebrarse pero no doblarse;
es soltar los gajos o casi todo el ser, y seguir allí, de pié, con lo que queda;

Tener alma de lenga es sentir el llamado del bosque de lo alto
Y acudir cuando es el momento, dejando todo;

Tener alma de lenga es, en fin,
aceptar que las hojas se caen todos los años,
Que la vida se achica, se encoge, se hunde hacia adentro
Y que solo de esta manera, es posible el reinado en esas alturas,
en lugares que de otra manera no serían más que páramos de rocas yermas.

Ser lenga es aceptar perder las hojas cada otoño, saber esperar y no reverdecer antes de tiempo. Es sumirse en lo oscuro ...”si el grano de trigo no muere...”, aceptar los procesos de desprendimiento, de descomposición, y muerte en uno mismo, como condición para verdaderos resurgimientos, renacimientos.

Perder las hojas es desprenderse de los logros (y de los fracasos también),
es soltar; soltar y confiar, entregados, gozosos, que estamos siendo partes de una química más vasta, y que SABE a dónde va.

Tener alma de lenga, es aceptar la muerte y caer en el último embate del viento o carga de nieve,
Y dejar un claro en el bosque para que los retoños puedan explayarse hacia la Luz.

Tener alma de lenga es saberse y asumir muchos estadios: bebé, creciente, erguida, poderoso árbol, quebrada, tumbada, semienterrada pudriéndose, ... colchón de hojas que cada año queda bajo la nieve y que devuelve así los nutrientes al suelo; para que irán a las nuevas hojas de las próxima primavera, o que irán a los arroyos y vertientes como alimento de la vida microbiana e invertebrada. Vida que crea y mantiene vida, vida, muerte y vida siempre juntas.

Tener alma de lenga es no quejarse si el viento sopla de más,
sino agrandar y fortalecer las raíces y aferrarse mejor a la roca.
Es saber ser avanzada, centinela, atalaya de la vida, un risco-proa o también, disfrutar de la protección que da estar en el medio de un bosque frondoso;
Es saber convertirse en cenizas llegado el caso, y renacer más adelante con renovados verdores;

Ser lenga es dar cobijo y alimento al pájaro carpintero, al huemul y al pudú; es dar belleza y alimento -el llao-llao- al caminante hambriento.
Tener alma de lenga es sostener y dar comida, material y espiritual, a quien lo necesite.

Tener alma de lenga es, sobre todo, saber empezar de nuevo,
Con la misma alegría virginal con que cada año llega la primavera

Sólo el bosque virgen, que no ha sido ensuciado con “proyectos”, conserva y trasmite su carácter sagrado y su magia, sus duendes y su poder curativo.

Bosque de nadie y de todos: el cartel “propiedad privada” destruye tu sacralidad; alambrado, guardias, mastines, son un insulto.

Bendita seas Nothofagus dombeyii, reina de las alturas
que cuidas, proteges y alimentas nuestras aguas.
Tu das de comer a los arroyos y vertientes
Creas vida en ellos, das cobijo a aves y huemules y lagartijas
el cóndor te vigila desde lo alto.
Caminar en tus bosques es sumergirse en un festival de luz,
una caricia para el alma, un bálsamo para el espíritu,
fuente de revelación e inspiración.
A través de tus senderos penetro a veces en otros mundos.

Lino Pizzolon, 2006 ...

"Para que no me olvides" - Poema musicalizado


Un poema editado y puesto en youtube por Gladys Uribe.
Muy hermoso trabajo que queremos compartir con ustedes.
(No olviden apagar antes la música de fondo del blog)

Cómo escribo una nota para subirla luego a internet


De vez en cuando, la vida... te pone ante alguna dificultad que quizá se te aparece como si fuera la primera vez que lo hace. Por ejemplo, puede sucederte como a mí que de pronto intento escribir para ti una nota con algunas indicaciones de cómo se escriben las notas. Y como las dificultades no son más que pequeños exámenes que nos impulsan a crecer, aquí vengo con un ramillete de ideas útiles que te ayudarán, como a mí me ayudaron, a dejar de lado tu dudas mayores o menores para lanzarte a la aventura que siempre significa colocar la vida en forma de letras sobre un papel.

No pienses que los escritores profesionales escriben cualquier texto de una sola vez. Antes de llegar al texto definitivo deben escribir varios borradores. Aunque por estos días tenemos la posibilidad de utilizar una computadora en la que podemos corregir infinitas veces un material. Antes arrancábamos el papel de la máquina de escribir, lo hacíamos un bollo, lo arrojábamos con intención en embocarlo en un cesto de papeles - lo que pocas veces lográbamos - , buscábamos un papel en blanco, lo colocábamos en la citada máquina y recomenzábamos la labor. No debes desanimarte por ello ya que es parte del proceso.

Si desde un principio intentas hacer las cosas ordenadamente, hay varios pasos a seguir en la confección de una nota de cualquier tipo.
-enumerar ideas en un papel
-ponerlas en un cierto orden lógico (o adecuado a tus intenciones)
-unirlas con "conectores" válidos
-escribir un primer borrador de la nota.

Como aprendiste en la -lejana quizá en el tiempo- escuela primaria, todo ensayo (pues de eso se trata la nota que pretendes escribir- consta de 3 partes fundamentales: introducción, nudo o cuerpo, y conclusión. 

Introducción: 

Debe indicar al lector tu propósito como escritor, es decir, acerca de qué le "hablarás" y qué le dirás sobre ese tema. Intenta atrapar su atención, tarea que debe haber comenzado cuando definiste un título, aunque sea provisorio. Procura que en la cabeza del lector se generen ideas que lo impulsen a seguir leyendo, esto es, a meterse más en el asunto. Menciona el tema en cuestión y no hagas que busque las conclusiones finales en ese momento sino que se las anticiparás en la introducción misma y captarás su atención haciendo que piense: ¿cómo hará este tipo para demostrar eso? 

Aquí tendrás que tender una trampa ingeniosa que relacione el planteo breve con la solución que le darás en el escrito. Puede ser algo sorpresivo o imprevisto (que alerte al lector y le genere curiosidad), o una confirmación de lo que él ya pensaba sobre el tema (para que se sienta complacido al encontrar a alguien que comparte su idea y que le brindará más argumentos para convencer a quienes no piensan como él). O la trampa puede ser más sutil comenzando con una manifestación de lo que la mayoría expresa sobre eso pero luego señalar que ese pensamiento está equivocado y que tú le mostrarás uno realmente correcto. Aunque con el tiempo desarrollarás la habilidad de crearle un suspenso tal que no pueda abandonar la lectura, siendo este camino el más difícil y apto para unos pocos escritores.

La introducción deberá ser de un párrafo o dos y tendrá una parte inicial con la introducción al tema y una parte final con la tesis que pretendes demostrar y cómo lo harás. Todo en forma sintética, con pocas palabras  suficientemente claras.

Te recomiendo que no escribas la introducción hasta que no sepas exactamente que presentarás después.  Es más, hay quienes recomiendan escribir la introducción después de haber escrito toda el ensayo. 

Recuerda que el lector seguirá este camino las más de las veces. En primer término echará un vistazo al título, que podrá o no atrapar su atención. Si no ocurre esto último, lo habrás perdido quizá para siempre como seguidor de este trabajo tuyo y quizá de otros anteriores o posteriores pues relacionará un mal título con un mal escritor, y ese mal escritor en ese caso serías tú.

Y si el título produjo alguna inquietud en él que provocó que quiera saber más, leerá la introducción breve que habrás hecho para tomarlo figuradamente de un tobillo como un trampa para osos lo haría, de modo que quede bajo tu hechizo hasta el final del ensayo. Si esa introducción falla y la trampa no funcionó, sumarás este lector a tu estadística en la columna de los "fugados", es decir, los que por un tiempo muy breve recordarán que vieron tu nota, su título y las primeras líneas pero ya no podrían repetir de qué trataban. Y probablemente tampoco quién se había tomado el tiempo necesario para escribir algo tan tonto y poco interesante.

Nudo o cuerpo:

El lector ha caído en la trampa y se comienza a sumergir en tu caldo ideológico. ¿Cómo lograr que no intente escapar, por ejemplo, arrojando airadamente el ensayo lo más lejos posible de sí. Porque en el nudo/cuerpo vas tú a desarrollar cada punto que has indicado o sugerido en la introducción.

De ser posible, un subtema en cada párrafo. Para lograr que permanezca en la situación de lectura unas líneas más cada vez. Que cada uno de esos segmentos lo arrastre al siguiente. Que lo impulse a querer saber más del contenido. Acompañándolo de la mano por ese sendero que conduce al final pero sin intentar arrastrarlo. 

Que le provoque en cada una de esas etapas - los párrafos - un sentimiento, una reacción de su cuerpo, un algo que lo haga querer más. Pero que le tiene que dar la posibilidad de abandonar la lectura durante unos minutos, horas o días para encontrar el "match point" donde continuarla. Y lo mejor es que eso ocurra al final de un párrafo que equivaldría al final de un capítulo en un cuento o novela.

Las transiciones entre párrafos deben tener alguna lógica o alguna estrategia aplicada por ti en ese ensayo. El lector debe sentir que puede anticipar lo que sucederá para luego encontrar que no sucede lo que había anticipado. Porque si el relato refleja exactamente la forma de pensar del lector, puede él llegar a la conclusión de que tú escribes lo que él escribiría y, por tanto, no necesita leer tu ensayo pues ya sabe cómo, cuándo y dónde concluirá.

Existen diferentes estrategias de organización del nudo/cuerpo, y las transiciones entre párrafos pueden ser muy diferentes a lo largo del desarrollo. Ahora bien, dependiendo del propósito, utilizarás una u otra estrategia de argumentación. Y en la organización puedes usar descripciones, comparaciones, contrastes, definiciones, clasificaciones, relaciones causa-efecto, etc.
Cuando escribes no dejes de usar imágenes, metáforas, y todo otro elemento de persuasión que encante al lector y lo mantenga aferrado no solamente al fondo sino también a la forma de tu ensayo.

La conclusión:

Es el último párrafo del ensayo y debe recapitular las ideas que se presentaron en la tesis cuando la planteaste en la introducción. Pero el orden se invertirá. Brindando un breve resumen del ensayo como síntesis de lo expuesto, una frase final marcará que has tenido éxito en demostrar lo que deseabas y que estás convencido de que tu lector también se habrá sumado a tu pensamiento sobre el tema. Esa frase final será, muchas veces, lo que él recordará por mucho tiempo, si se trata de una idea brillante que has usado, creada por ti o tomada de algún otro.

Debe dar claramente la idea de que allí termina tu escrito, que no necesita ni merece una palabra más, como el final brillante de una sinfonía que cierra algo maravilloso: tu ensayo sobre el tema, tu nota, o como quieras llamarlo. Puede marcar lo original de lo que en él expresaste o insertarlo en una línea de pensamiento más amplia que comparte.

¿Sencillo? De ninguna manera. Un ensayo brillante requiere dominio del idioma, buen manejo de la lógica, entrenamiento prolongado, genialidad personal. Pero la repetición genera el dominio. Cada nuevo ensayo te deja mejor preparado para el próximo.

Suponiendo con cierta razonabilidad que el escrito que acabas de crear no está cerca de lo perfecto, sí lo está de lo perfectible, así que puedes darle unos toques para mejorarlo. Una vez terminado el ensayo debes revisarlo: su contenido, su organización, su coherencia, su conectividad, su cohesión, sus aspectos gramaticales (signos de puntuación, acentuación, concordancia entre género y número, ortografía de las palabras, etc.).

Y debiendo instalar aquí una conclusión, porque no voy a aplicar aquello de "haz lo que yo digo pero no lo que yo hago", te dejaré un consejo final:

Cuando sientas, quieras o puedas escribir, escribe. Es un ejercicio que debe practicarse con cotidianeidad. Algún músculo desconocido, además de otros muy conocidos, seguramente se activa y entrena con este ejercicio. De ese modo, cada día harás algo mejor. O, al menos, de tanto en tanto algo de lo que produzcas te resultará satisfactorio.

¿Importa la opinión de los demás? Quizá no les resulte tan bueno como tú creías que ocurriría o quizá les resulte mejor de lo que suponías. Pero escribir es como tener un hijo. Puede no ser el más bello, ni el más inteligente, ni el más sabio, pero es tu hijo y debes amarlo. Ver sus falencias y sus virtudes, pero siempre amándolo. Porque escribir hace crecer tu alma, te abre ventanas insospechadas hacia universos que ni suponías que existieran. 

Escribe lo que sientes y siente lo que escribas. Por allí estarán las reglas académicas para que las conozcas y apliques cuando te parezca que puedes o debes. Pero que nunca una regla académica quite un punto, una coma o una letra de una frase que tu sentimiento te ha dictado. Allí, en esa frase, estará el secreto de tu éxito como escritor.

Daniel Aníbal Galatro

Reconozco haberme guiado en varios párrafos 
por un excelente trabajo de la profesora
Yolanda Gamboa
Assistant Profesor of Spanish 
Florida Atlantic University
Enviado a monografias.com por
Wilson Gregorio Sucari Turpo

¿SON LIBRES LOS PÁJAROS? - de Juana Cascardo


¿SON LIBRES LOS PÁJAROS?
de Juana Cascardo

¿En qué pensarán los pájaros
en su evolucionar?
¿En la vida, la muerte,
el amor y la verdad?
¿O estará en blanco su mente
en su constante volar?
¿Serán tan libres los pájaros
como los imaginamos nosotros
al oirlos cantar?
¿O se sentirán ligados entre ellos
por sentimientos difíciles de mostrar?

Sé que ellos cantan al Sol
la alegría de la vida.
Y con la pausada lluvia
de otoño, lloran su melancolía.
Sé que de cálido amor
llenan en primavera sus nidos
y que sienten la vejez
al oir de sus pichones los trinos.

Que no son libres los pájaros
por el hecho de volar.
Que están sometidos a un ciclo
al que no pueden escapar.
Que no deciden sus vidas
tan sólo por poder volar.

publicado en "SONAR DE LLUVIA" - Págs 56/57

Estados Unidos y los libros - Entrevista a Humberto Garza


El escritor y poeta Humberto Garza, webmaster del célebre Portal “Los poetas”, nos acerca sus impresiones sobre lo que está ocurriendo en el plano de la venta de libros en la todavía primera potencia del mundo, Estados Unidos. También nos da su impresión sobre los libros digitales, el auge de los mismos, y la presencia de la literatura latinoamericana en el país de Walt Whitman.

Leí que la segunda librería más grande en EE.UU., “Borders” va a cerrar las 399 tiendas que le restan. ¿Qué factores determinaron esa medida?

Factores de cuestión económica. “Borders” tenía 642 tiendas al empezar a sufrir problemas financieros, cerró 243, pero las pérdidas, responsabilidades económicas y deudas siguieron en aumento y, al final, como única otra opción, solo quedó cerrar el resto, después de 40 años de estar en el negocio. Otro factor que afectó a “Borders” fue el no actualizarse a tiempo poniendo a la venta libros en formato digital para ser leídos con artefactos como el Ipad, Kindle, Nook...

El cierre de esas grandes librerías, ¿qué impacto económico va a tener en la venta de libros prestigiosos?

La venta de las grandes obras de la literatura universal ya está siendo impactada por la aparición de libros digitales, debido a que miles de obras cuyos derechos de autor expiraron, ahora se pueden bajar gratuitamente en formatos digitales de la Web. El lector tiene hoy en día acceso a millones de libros que ni imaginaba leer. Sitios como Google, Gutenberg... están escaneando y poniendo a nuestra disposición en formato digital inmensas bibliotecas universitarias y públicas; eso es un sueño hecho realidad para nosotros, ya que con este tipo de “generosidades”, el lector común tiene acceso a la mayoría de los grandes autores del pasado, incluso a autores casi igual de brillantes, a quienes hace siglos se les publicó en una edición o dos; luego, por razones económicas, fueron olvidados; ahora... están ahí a nuestro alcance en formato electrónico.

¿Cuál es la ventaja que tienen esos artilugios sobre el libro impreso?

Son muchas. Con esos artefactos es fácil comprar, desde la comodidad de nuestra casa, libros difíciles de conseguir. También existen algunas grandes librerías dedicadas a la venta de e-books, como Amazon.com, que ofrecen una gran colección de libros digitales gratuitos, otros por el precio de un dólar. Lo mismo no se puede hacer con un libro impreso debido a que su manufactura, distribución, espacio en los estantes de librerías, etc., requieren de gran costo. Otra ventaja es que con esos aparatos pueden conectarse al Internet y con ello tener acceso a revistas, periódicos y todo lo que está online.

¿Qué impacto van a tener los libros digitales en el autor?

Varios: El autor contemporáneo ahora tendrá la ventaja de publicar más fácilmente y a menor costo; las probabilidades de darse a conocer mundialmente van a ser mayores; una sola edición será suficiente para abastecer a todos sus lectores, tal vez para siempre, puesto que en esta manera ya no habrá ediciones agotadas ni necesidad de espacio físico. He leído, pero advierto, sin corroborar, que librerías digitales como Apple, Barnes and Noble... siguen siendo tan escrupulosas como los grandes editoriales en la calidad que exigen antes de aceptar obras digitales.

Una última pregunta: ¿Es popular la literatura latinoamericana en EE. UU.?

Los autores de gran éxito, inevitablemente se dan a conocer en todas partes del mundo, y EE. UU. no es la excepción. Gabriel García Márquez, Paulo Coelho, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Isabel Allende... son nombres familiares entre lectores ávidos en EE. UU. Personalmente, ahora, la percepción que tengo es que, a autores latinoamericanos de menor relieve, ya no se les encuentra en las librerías con la misma frecuencia que antes. En los 60, y principios de los 70, era fácil hallar libros traducidos o en castellano de autores hispanoamericanos en los estantes de dichos negocios. Revistas y periódicos constantemente exaltaban el realismo mágico de nuestros novelistas, y la superioridad de la poesía hispanoamericana sobre la norteamericana. Ahora, ese no es el caso. En mi adolescencia, leía artículos periodísticos donde autores mexicanos se quejaban de que librerías y bibliotecas públicas y universitarias de EE. UU. y Europa compraban más obras de ellos a las editoriales del país que las mexicanas. Tal vez tenían razón, porque ahora, en Google Books, se da uno cuenta de ello.

7 de Agosto de 2011
por Delfina Acosta
Asunción del Paraguay

"El agua que seca" - cuento de Ariel Puyelli

Ariel Puyelli

El agua que seca

Y eso que don Mario le dijo que el agua no moja: "¡lo seca a uno! Despacito, como de a sorbitos, lo va dejando seco. Un papelito lo deja".
"Se va a embromar", murmuró cuando lo despidió en la tranquera. Sacudió la cabeza con la invocación a lo irremediable y se metió en la casa.
El hombre estaba contento. La casa al borde del río, al pie de la cascada mayor, era el sueño de su vida.
"Pobre don Mario" - le comentó a su mujer manejando hacia su nueva propiedad. - "En fin, yo sé que lo dice sin mala intención, pero ¡qué ocurrencia!".
Don Mario echó maderitas en la cocina económica. La mujer lo miró como miran las mujeres de su tipo: en silencio. Esperó. Sabía que algo iba a decir. Y lo dijo. "Los forasteros no saben nada. Ni oír saben". La mujer comprendió. Porque al igual que don Mario, sabía oír.
Los dos conocían desde siempre la historia, aunque nunca la recordaban con palabras. Sólo de pensamiento. Ellos saben que las palabras le dan ideas al Diablo. Y se hacen historias de verdad, con nombre y apellido.
El hombre fue advertido una vez más, pero inútilmente. 
"La ciudad los pone lesos. O sordos", volvió a murmurar don Mario.
La cabaña del hombre fue tomando cuerpo, creciendo cobijo. Los troncos se volvieron paredes y techo. Las piedras, sendero. Los árboles, sombra para la gente. Y el sueño, realidad.
"¿Usted habló con él?", le preguntó un vecino a don Mario. No hizo falta decir nada. Otra vez la cabeza lamentaba lo inevitable. Lo fatal.
"Las cascadas son ríos que la montaña no quiere" - recordó el vecino. - "¡La montaña vomita esa agua!". Enojado, chupó con fuerza el mate y lo devolvió a las manos de don Mario, que seguía en silencio.
"Se van a secar, sí señor", remató el sujeto antes de que el silencio se instalara en la cocina.
La cabaña fue terminada y ocupada por los felices propietarios. La dueña de casa comenzó con los ritos habituales: una pequeña huerta, dulces caseros y recolección de flores para secarlas y hacer adornos.
"Como las flores se van a secar", pensó don Mario cuando entró en la cabaña acompañando al hombre, que lo necesitaba para alambrar.
Ella pensó que era el cambio de clima. "Es mucho más seco acá", se dijo y se proveyó de cremas hidratantes. Él creyó que era el resultado de tantos trabajos duros, al aire libre. Pero no usó cosméticos.
Sin darse cuenta se fueron secando por fuera y por dentro.
"Váyanse mientras les dé tiempo el agua", le dijo una sola vez don Mario. Pero al hombre se le habían secado por completo los oídos.
Una mañana no despertaron. No tenían cómo. Papelitos eran.
Don Mario y su vecino los encontraron abrazados en la cama.
Los paisanos se miraron pero no dijeron palabra.
Tampoco era cuestión de decir algo que enojara al río despreciado por la montaña. Al fin de cuentas, tanto ellos como el agua, eran parte de la misma tierra.

Ariel Puyelli

Nacido en Buenos Aires en 1963, Ariel Puyelli escribe cuentos y novelas. Es periodista y docente. Reside en Esquel desde 2002. La mayoría de sus libros están dirigidos a niños y adolescentes. Entre otros títulos: La maldición del chenque, El cultrún de plata, La verdadera historia del Ratón Pérez, ¿Por qué se durmió el gallo Pinto?, Rita, la araña con peluca y otros cuentos, y Los cabellos de la Magdalena (poesía para adultos).

Premios Nobel de Literatura


1901

Sully Prudhomme
Francia

1902

Theodor Mommsen
Imperio alemán

1903

Bjørnstjerne Bjørnson
Noruega

1904

Frédéric Mistral
Francia


José Echegaray
España

1905

Henryk Sienkiewicz
Polonia

1906

Giosuè Carducci
Italia

1907

Rudyard Kipling
Reino Unido

1908

Rudolf Christoph Eucken
Imperio alemán

1909

Selma Lagerlöf
Suecia

1910

Paul von Heyse
Imperio alemán

1911

Maurice Maeterlinck
Bélgica

1912

Gerhart Hauptmann
Imperio alemán

1913

Rabindranath Tagore
India

1914
No entregado a causa de la Primera Guerra Mundial

1915

Romain Rolland
Francia

1916

Verner von Heidenstam
Suecia

1917

Karl Adolph Gjellerup
Dinamarca


Henrik Pontoppidan
Dinamarca

1918
No entregado a causa de la Primera Guerra Mundial

1919

Carl Spitteler
Suiza

1920

Knut Hamsun
Noruega

1921

Anatole France
Francia

1922

Jacinto Benavente
España

1923

William Butler Yeats
Irlanda

1924

Wladyslaw Reymont
Polonia

1925

George Bernard Shaw
Irlanda

1926

Grazia Deledda
Italia

1927

Henri Bergson
Francia

1928

Sigrid Undset
Noruega

1929

Thomas Mann
Alemania

1930

Sinclair Lewis
Estados Unidos

1931

Erik Axel Karlfeldt
Suecia

1932

John Galsworthy
Reino Unido

1933

Ivan Bunin
Imperio ruso (apátrida domiciliado en Francia)

1934

Luigi Pirandello
Italia

1935
No entregado

1936

Eugene O'Neill
Estados Unidos

1937

Roger Martin du Gard
Francia

1938

Pearl S. Buck
Estados Unidos

1939

Frans Eemil Sillanpää
Finlandia

1940
No entregado a causa de la Segunda Guerra Mundial

1941
No entregado a causa de la Segunda Guerra Mundial

1942
No entregado a causa de la Segunda Guerra Mundial

1943
No entregado a causa de la Segunda Guerra Mundial

1944

Johannes Vilhelm Jensen
Dinamarca

1945

Gabriela Mistral
Chile

1946

Hermann Hesse
Alemania
Suiza

1947

André Gide
Francia

1948

T. S. Eliot
Estados Unidos

1949

William Faulkner
Estados Unidos

1950

Bertrand Russell
Reino Unido

1951

Pär Lagerkvist
Suecia

1952

François Mauriac
Francia

1953

Winston Churchill
Reino Unido

1954

Ernest Hemingway
Estados Unidos

1955

Halldór Laxness
Islandia

1956

Juan Ramón Jiménez
España

1957

Albert Camus
Francia

1958

Boris Pasternak
Unión Soviética

1959

Salvatore Quasimodo
Italia

1960

Saint-John Perse
Francia

1961

Ivo Andric
Yugoslavia

1962

John Steinbeck
Estados Unidos

1963

Giorgos Seferis
Grecia

1964

Jean-Paul Sartre
Francia

1965

Mijaíl Shólojov
Unión Soviética

1966

Shmuel Yosef Agnon
Israel


Nelly Sachs
Alemania

1967

Miguel Ángel Asturias
Guatemala

1968

Kawabata Yasunari
Japón

1969

Samuel Beckett
Irlanda

1970

Aleksandr Solzhenitsyn
Unión Soviética

1971

Pablo Neruda
Chile

1972

Heinrich Böll
Alemania Occidental

1973
Patrick White
Australia

1974

Eyvind Johnson
Suecia


Harry Martinson
Suecia

1975

Eugenio Montale
Italia

1976

Saul Bellow
Estados Unidos

1977

Vicente Aleixandre
España

1978

Isaac Bashevis Singer
Estados Unidos

1979

Odysseas Elytis
Grecia

1980

Czeslaw Milosz
Polonia

1981

Elias Canetti
Bulgaria

1982

Gabriel García Márquez
Colombia

1983

William Golding
Reino Unido

1984

Jaroslav Seifert
Checoslovaquia

1985
Claude Simon
Francia

1986


Wole Soyinka
Nigeria

1987
Joseph Brodsky
Estados Unidos

1988

Naguib Mahfouz
Egipto

1989

Camilo José Cela
España

1990

Octavio Paz
México

1991

Nadine Gordimer
Sudáfrica

1992

Derek Walcott
Santa Lucía

1993

Toni Morrison
Estados Unidos

1994

Oe Kenzaburo
Japón

1995

Seamus Heaney
Irlanda

1996

Wislawa Szymborska
Polonia

1997

Dario Fo
Italia

1998

José Saramago
Portugal

1999

Günter Grass
Alemania

2000

Gao Xingjian
China
Francia

2001
V. S. Naipaul
Reino Unido

2002

Imre Kertész
Hungría

2003

J. M. Coetzee
Sudáfrica

2004

Elfriede Jelinek
Austria

2005

Harold Pinter
Reino Unido

2006

Orhan Pamuk
Turquía

2007

Doris Lessing
Reino Unido

2008

Jean-Marie Gustave Le Clézio
Francia

2009

Herta Müller
Rumania
Alemania

2010

Mario Vargas Llosa
Perú

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