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Nicolás Augusto González - breve biografía


Dramaturgo, escritor, poeta y político guayaquileño nacido el 14 de abril de 1858, hijo de don Nicolás Augusto González Navarrete, ambateño, y de doña Guadalupe Tola Dávalos, guayaquileña.

En 1865, cuando por razones políticas su padre fue desterrado a Lima por orden del presidente García Moreno, ingresó interno al Colegio Seminario de su ciudad natal donde inició sus primeros estudios. Años más tarde, en 1871 viajó a Lima para reunirse con su padre: Ingresó entonces en el Colegio de San Carlos donde alcanzó el bachillerato, e inmediatamente pasó a la célebre Universidad de San Marcos donde se graduó en Ciencias Políticas y Administrativas.

Volvió a Guayaquil en 1876, cuando ya se había perpetrado el Asesinato de García Moreno y la revolución acaudillada por el Gral. Ignacio de Veintemilla había puesto fin al gobierno del Dr. Antonio Borrero. Ese mismo año inició su fecunda obra literaria con la publicación del drama en tres actos titulado «Hojas Secas», al que siguieron «El Mundo del Hombre» (drama en verso), «Amor de Reina y Amor de Esclava», «Las Dos Culpas» y «El Ramo de Flores».

Poeta exquisito, escritor de nota y gran improvisador, desarrolló una importante labor en el campo del teatro, estrenando con gran éxito los dramas «Entre el Amor y el Honor», «Tumba de Ensueño», y, «En la Frente del Maldito», las comedias «Flores y Espinas», «En la Edad Está el Misterio» y «Seductor que no Seduce», y el drama histórico «Amor y Patria», escrito en 1882 junto al Dr. Alfredo Baquerizo Moreno.

Posiblemente su obra más importante y polémica sea «Cuestión Histórica, el Asesinato del Gran Mariscal Ayacucho» escrita entre 1887 y 1889, en la que acusó al Gral. Juan José Flores como culpable directo del crimen perpetrado en Berruecos; ésta desató el odio y la persecución por parte del Dr. Antonio Flores Jijón, hijo del acusado y Presidente Constitucional de la República.

Colaboró con los principales periódicos y revistas de la época; en 1877 había fundado en Guayaquil, junto a Juan Bautista Elizalde, el diario La Nación, y en 1884 fue redactor fundador de El Telégrafo.

En 1892 ingresó a la Academia Nacional de Historia de Venezuela, y en 1901 publicó su importante obra «El Ecuador en el Conflicto Internacional del Pacífico».

En 1908 viajó a España para ocupar el cargo de Cónsul General del Ecuador en Málaga, y editó en Madrid su novela «La Llaga» y el poemario «Humo y Cenizas». Un año después publicó los poemarios «Horizontes» y «Bronces» y más tarde, en 1912 fue designado Cónsul en Madrid y en Marsella, cargos que ocupó hasta 1913.

Volvió entonces a Guayaquil donde en 1917 un comité especial presidido por el Dr. José Luis Tamayo lo premió con la «Lira de Oro».

Seguidamente partió a Lima para visitar a sus hijos, y luego continuó viaje a Buenos Aires (Argentina), donde murió el 18 de enero de 1918.

Autor: Efrén Avilés Pino
Miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador


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La cabeza de mi padre - cuento de Alberto Laiseca



¿Por qué estoy aquí? Yo no sé por qué estoy aquí, ni quién es toda esta gente, no puedo entender nada, el personal directivo está vestido de blanco, nosotros con piyamas grises, sé perfectamente que esto es un manicomio, pero no es mi lugar, yo no estoy loco. Ahora, en verdad no sé por qué hice lo que hice, pero eso no quiere decir que esté loco. Lo quería mucho a mi padre, creo que mejor padre no puede tener un hijo que el que yo tuve, era como un gigante de cinco metros de altura, un genio, como un Dios, por tener el padre que tenía era realmente privilegiado, privilegiado…
Vivíamos juntos, yo solo con papá, desde que murió mamá cuando era muy chico, él me daba consejos, muy buenos consejos, era un verdadero padre, daba muy buenos consejos, lástima que yo no podía seguir ni uno, él por ejemplo me decía pero con justa razón:

-¡Oye infeliz!, ya es hora de que estudies o trabajes que ya tienes 20 años, que no puedes seguir viviendo a costillas de tu padre toda la vida.

Tenía razón papá, tenía toda la razón.

-¡Oye!, otros chavales andan detrás de las chavalas, pero no tú, tú te quedas acá todo el día, así nunca me vas a dar un nieto, ya tienes 20 años, eres grande.

Él tenía razón, papá siempre tenía razón, era un genio, todo, todo sabía, yo le quería decir a la muchacha, no me animaba a decírselo, pero cómo voy a hacer para acercármele, hay que conmoverlas, yo no sé cómo conmover a una mujer, si tú a una mujer no la conmueves nunca va a andar contigo por más joven y lindo que seas, y qué las voy a conmover yo que soy un yeso, así, todo apretado, duro, siempre mirando a las chavalas con ojos de huevo frito, si soy un infeliz, les tengo miedo, ¿ustedes no se sienten inseguros?, ¿no? Yo sí, toda la vida.

Papá hacía la comida, era muy buen cocinero, yo no sé ni preparar un huevo frito, yo quise 
aprender cuando era chico, pero papá se reía de mí y me decía:

-¡Eeeh!, ¡esto no es pa’ ti! La cocina es una cosa de artistas, tú no tienes talento pa’ esto, anda, anda, ¡ve y lava los platos!

Eso sí, les voy a decir una cosa eh, soy muy buen carpintero, porque buen carpintero sí que soy, muy buen carpintero. En casa, en mis ratos libres, que eran los más, pues hacía mesitas, juguetes, sillas y todo muy perfecto, eso lo enojaba mucho a papá, decía:

-¡Tú sí eres bueno pa’ hacer pamplinas!, ya que eres bueno pa’ hacer pamplinas, ¿por qué no te empleas en una carpintería? Así traerías un poco de dinero a casa, ¡pero no!, a ti ni se te ocurre, ¡ni se te ocurre!

Yo me reía porque es algo que me pasa cuando me dan consejos y yo ya había pensado en emplearme en una carpintería, pero bastó que papá me dijese que me empleara en una carpintería para que se me fuesen las ganas, jaja, no sé por qué soy así, se me fueron las ganas.

Yo soy un misterio, incluso para mí mismo, un misterio muy aburrido la verdad, pero misterio al fin, no sé por qué hice lo que hice, pero no estoy loco. Fue ahí donde empecé a pensar en la ballesta, ¿ustedes saben qué es una ballesta? Sirve para tirar flechas, es como un fusil pero sin pólvora, tira flechas con más precisión y más fuerza que un arco.

Yo así en un paseíto que di, vi en una armería que había una ballesta, entré, le pedí al dueño que me la mostrara, la tuve en mis manos y en seguida comprendí el mecanismo, me fui a casa y ahí me fabriqué yo una, con maderas y bronce, soy muy buen carpintero. La probaba en el patio, a 10 metros la agarraba a tiros, entonces como siempre todos los días estábamos igual, a comer y después de comer, yo hacía como que me iba a mi cuarto para hacer cosas y él protestaba que “¡ah!, éste que no lava los platos en seguida después de comer, siempre dejando las cosas a lo último”, estaba refunfuñando mi apá y yo volvía a punta de pie a mi cuarto y le apuntaba con la ballesta, no le iba a tirar, ¿cómo le voy a tirar a mi padre?, ¡pues no!, a mi padre no le voy a tirar, pero me excitaba apuntarle a la cabeza con una flecha puesta, ¿cómo le iba a tirar?

Hasta que una tarde, fue un día igual que cualquier otro, él me daba más y mejores consejos que nunca, y no sé por qué le dio por hablar de la Dolores, me dijo:

-¡Oye!, a ti la Dolores te mira mucho, ¿qué esperás para ir y enamorarla?, así me darías un nieto.

La Dolores es una muchacha de acá a la vuelta, es a la que a mí me hubiera gustado acercármele, claro que hubiera tenido hijos con ella, entonces, francamente cuando me dijo eso, ahí se me fueron las ganas de comer, le dije a papá que no tenía más hambre y me fui a mi cuarto y volví con la ballesta, como otras veces él estaba rezongando como siempre:

-¡Eh!, este que no lava los cacharros en seguida después de comer, siempre dejando las cosas pa’ lo último.

Estaba refunfuñando papá, y ahí sí apreté el gatillo, la flecha que tenía puntas de plomo pues yo les hice puntas de plomo, le entró en la nuca y cayó al piso sin ningún gemido, con convulsión… convulsión… no lo podía creer, yo creí que papá iba a vivir para siempre porque un hombre tan alto de cinco metros de altura, una mísera flecha no le puede hacer nada a papá, ¡pues no!, le entró como si fuera una bala.

Me acerqué y vi que todavía estaba vivo, entonces le tiré otras cuatro flechas más en la cabeza, la primera no, la primera sentí una especie de odio y amor, o yo qué sé y no sé por qué, pero las otras cuatro no, las otras cuatro sí lo hice por caridad, por piedad, para que no sufra, para que no sufra, claro.

Entonces me di cuenta que algo no estaba bien, me fui a mi cuarto y traje una almohada, le quité la flecha de la nuca que era la primera, la que había traído tol incordio, y lo puse a reposar, las otras 4 flechas no se las saqué, tenía como una corona de espinas, y es lo lógico porque para un padre tener un hijo como yo era una verdadera cruz, ¡eso es cierto!, por eso me sorprendió lo que me preguntó la policía, que por qué había hecho una cosa tan rara de sacarle la flecha de atrás y ponerlo boca arriba, pues para que repose, para que esté tranquilo, para que esté más cómodo, para eso lo hice.

Ya hace 10 años que me han traído a este lugar, y no comprendo por qué, la verdad, yo siempre quise a mi padre, me daba tan buenos consejos. La cabeza de mi padre, siempre admiré a la cabeza de mi padre, el centro de todo su poder, la cabeza de un genio, la cabeza de un rey, la cabeza de un Dios.

Alberto Laiseca

Gabo según Caia Martínez de León


APL) “Macondo es Latinoamérica, donde hay soledad y fluye la magia. Y eso siempre lo supo el Gabo, amigo entrañable de la Revolución cubana y enemigo de las dictaduras de los años ’70.

Lenin y los Beatles son las dos cosas más importantes que ocurrieron en el siglo XX, dijo. Y claro, hay que agregarle a esas dos cosas su propio nombre. 

Cien años de soledad fue traducido prácticamente a todos los idiomas y el Gabo contaba de un japonés que lo leyó en su idioma y le dijo que le pareció la historia de su familia que vivía en un pueblito de Japón; y una alemana le escribió diciéndole que sentía que había espiado la historia de su familia en Alemania. Sucede que las pasiones y las angustias se parecen en todas partes del mundo, y todos somos Macondo”. 

Así lo afirma Caía Martínez de León, en este primer artículo sobre Gabriel García Márquez, escritor traducido a decenas de lenguas y creador del realismo mágico, quien murió en México, ayer, a los 87 años. Caia es escritora y periodista de cultura. Cantante. Investigadora y apasionada coleccionista sobre García Márquez. Posee de uno de los archivos más importantes y antiguos en papel sobre el autor, consultado y considerado por muchos especialistas como reliquias periodísticas. Estaba terminando una biografía de curiosidades sobre el Gabo cuando le llegó la trágica noticia.

"Yo carezco por completo de imaginación, cuento lo que veo y construyo mis libros a partir de la observación de la realidad y después la adorno poéticamente, con una serie de trucos de construcción que podrían ser trucos de carpintería, pero de ninguna manera se separan de la realidad”, indicó Gabo.

Y ahí convive el partido Liberal con los pescaditos de oro y las mariposas amarillas. La soledad de Úrsula con la mortaja de Amaranta, y la belleza de Remedios con la guerra, la dureza y la ternura del coronel.

“Los intelectuales me comparan con escritores que ni siquiera he leído”, decía. Él, que en un acto solemne cuando estaba escribiendo Cien años de soledad, bajó a ver a Mercedes, su esposa, que estaba en la cocina y con el rostro blancuzco y lleno de aflicción le dio la noticia más terrible: Ha muerto el coronel Aureliano Buendía.

Sólo él podía conseguir que al día siguiente de su primera edición, en el colectivo 64 éramos 7 los pasajeros que leíamos “El amor en los tiempos del cólera”. Eso lograba el Gabo.
“Los yanquis y los europeos que no entienden nada, creen que somos máquinas puramente imaginativas. Si ellos vivieran como vivimos aquí sería otra cosa”.

Las pertinaces lluvias y los calores sofocantes de Macondo se encuentran en los pueblitos de todo el continente, es que la magia habita entre nosotros y el Gabo lo sabía y lo contaba en sus páginas.

Al preguntarle por su recuerdo más bello él respondió: una niña de mi edad, unos ocho años, con un lazo enorme en la cabeza y unos ojos muy grandes que me dijo adiós desde la ventana de un tren fugitivo… Ese era el Gabo, un anti intelectual puro como el mismo decía, amante de los boleros del Caribe a los que definía como la mejor música.

Adorador del cine, tanto que llegó a amarlo más que a la literatura.
Amigo personal de Fidel Castro, con el que siempre hablaban de mujeres y de comida.

En cada discurso de agradecimiento por sus premios (Premio Nobel en 1982, Legión de Honor, la Gran Orden del Águila Azteca entre otros) siempre mencionó los problemas primordiales de América latina. Y reafirmó su grandeza cuando dijo: Nunca, en ninguna circunstancia he olvidado que en la verdad de mi alma, no soy nadie más, ni seré nadie más que uno de los dieciséis hijos del telegrafista de Aracataca.

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EL PAPEL DEL POETA Y LA POESÍA EN LA SOCIEDAD - Por Antonio Acevedo Linares


EL PAPEL DEL POETA Y LA POESÍA EN LA SOCIEDAD
Por Antonio Acevedo Linares

El poeta es un trabajador de la cultura, un hombre o una mujer que ha hecho del ejercicio de escribir poesía, su proyecto de vida, su pasión, su vocación, su enamoramiento, su vicio, su estigma o su arma de lucha y de comunicación. La poesía es la continuación de la guerra por otros medios porque la poesía es también un arma por la liberación total del hombre y de los pueblos. El poeta es un ser con sensibilidad social que hace de la poesía su instrumento de convocatoria, de canto y de exaltación de las cosas más puras y bellas del ser humano, comprometido con la palabra y con su visión poética de la vida, porque el poeta vive la vida poéticamente y es un enamorado del lenguaje y sus metáforas.

El poeta no es el loco de la sociedad, ni el bohemio ni el truhán ni el maldito, en esa visión caduca del poeta, sino el trabajador de la cultura, el intelectual que escribe y piensa y vive la poesía y reflexiona sobre la sociedad de su tiempo, aunque locos y suicidas y bohemios haya tenido la poesía. El poeta no es un romántico sino un antiromántico, porque esa visión idílica del poeta no existe en estos tiempos de la
modernidad, es un ser desarraigado que muchas veces ha hecho de la marginalidad su ética de vida, porque no es un bufón de la corte, ni un adicto del poder, a lo sumo el único poder que le interesa a los poetas, es el ejercicio del poder de la palabra.

La poesía le nace de las entrañas de su espíritu y de su intelecto o de la tierra o la sociedad en la que vive y sueña, pero el poeta no es un soñador a la manera del que sueña sin los pies en la tierra, el poeta es un soñador a la manera del que sueña imposibles y cree en las utopías. Cuando el ejercicio de escribir o leer poesía sea reconocido y respetado en la sociedad, todos los hombres y mujeres serán poetas, o al menos todos los hombres y mujeres se acercarán a la poesía como a un canto litúrgico en una iglesia. El papel de los poetas y de la poesía en la sociedad es la de sensibilizar y hacer de los seres humanos, seres más humanos y sensibles frente al mundo injusto y cruel que nos ha tocado vivir. Tal vez el poder de la poesía contribuya algún día a ese propósito y la poesía ya no sea expulsada de la República como en la época de Platón, sino que haga parte del ejercicio del poder de sus gobernantes.

En el canto de los poetas se reconoce el espíritu de un pueblo o de una sociedad y aunque nos hemos acostumbrado a ver la poesía solo consignada en los libros, seria divino y maravilloso ver la poesía escrita en los muros de la ciudad, en los árboles, como los enamorados dibujan corazones atravesados por una flecha, en los periódicos, en las vallas publicitarias, en el cielo con o sin estrellas, en las señales de tránsito, en los semáforos, en las ventanas de los edificios, en todo lugar público donde la poesía se haga visible para recordarnos que la poesía y los poetas existen. Una ciudad sin poesía es la anticiudad escribió Rogelio Salmona. El día que el hombre recupere su sensibilidad perdida podrá ver la poesía en las cosas más insólitas o naturales como intenta la poesía hacerlas ver, visibilizarlas.

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Defensa de la Poesía - Por Antonio Acevedo Linares


DEFENSA DE LA POESÍA
Por Antonio Acevedo Linares

Defender la poesía como una alegría
defenderla de la rima y de la ruina
de los estupefacientes y el exilio
de la adulación y el delirio.

Defender la poesía como una libertad
defenderla de la delación y la soledad
de las prisiones y de la bohemia
de la traición y de la codicia.

Defender la poesía como una dignidad
defenderla de la élite y de la abyección
de los usureros y la inspiración
del ángelus y de la consigna.

Defender la poesía como una pasión
defenderla de la moda y los ídolos
de los románticos y los horóscopos
del suicidio y de las academias.

Defender la poesía como una convicción
defenderla de la castidad y el lujo
de los talismanes y los secuaces
de los códigos y de los cosméticos.

Defender la poesía como un himno
defenderla de la oferta y la demanda
de los contratos y las venéreas
de los impuestos y de la egolatría
y también de la poesía
como contribución para la
incitación a la vida.

*Paráfrasis del poema “Defensa de la Alegría”.
Mario Benedetti. Cotidianas. Editorial Siglo XXI, 1979.
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