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"Perro negro" - Un poema de Ernesto Alaimo

Perro negro

Perro negro
te acercás traqueteando las uñas
contra el asfalto incomprensible
de los corredores duros
de este laberinto.

Todo está desierto, es la noche
y es el frío, y no es el centro
es increíble que a dos pasos haya gente
que me encuentre rodeado de gente
oculta tras paredes y persianas
pero aquí es el silencio
la calle es otra dimensión
lejanísima de esa otra, fragmentaria
de este laberinto.

Todo está en silencio, es la noche
y surge antes que nada un rumor
un débil y ya tierno traqueteo
y de la esquina aparece, como una nueva entrega
de un sueño que ya se quedaba sin tema
tu figura, perro negro, meneándose
cual si fueras el sereno de este jardín.

Perro negro,
yo sé que sos el símbolo de algo
pero, humano de mí, no puedo precisarlo
y no quiero, porque en verdad es muy simple
sos el perrito negro que se me acerca en la noche
en pleno invierno y en plena soledad
despacio, sin apuro, de este lado de tantas cosas
por ejemplo, de las paredes y la temperatura.

¿Sabés?, yo soy un hombre, un homínido
soy de esa especie que te oprime
y te da de comer,
estamos rodeados de homínidos en este momento
y no obstante vos solo te me acercás
y me ofrecés tu cabeza con una simpleza
que me hace llorar de felicidad.
Y muchos hombres, muchos homínidos
andan por estos pasillos
en este momento
hasta se me han cruzado algunos, hace un rato
y al verme de lejos ya no me han mirado
y vos, hermosa criatura, pequeño esclavo
le ofrecés tu cabeza a mi mano
con tan simple cordialidad
que ya no tengo frío.

Perro negro, estás en peligro
vivís en peligro, perro negro
de eso también estás de este lado
he visto muchos perros, muchos caninos
sucumbir por la máquinas de matar
con las que andamos en los pasillos,
los he visto ser golpeados, pisados, arrasados
los he visto lisiados, harapientos, moribundos
a los perros negros como vos no les hacen funeral
ni les dan solemne entierro ni los lloran,
los sacan del medio para que no estorben
y se los llevan los barrenderos al alba
te queman junto a la basura
a vos que sos el único que se me acerca
a vos que tenés la grandeza
de mantener ese gesto vital, sabiendo todo esto
viendo vos también todo lo que veo cada día.

Y no estoy siendo romántico ni fantasioso
estoy siendo totalmente realista
vos sabés que, salvo los elegidos
que quedan del otro lado de todo,
a ustedes los tratamos como escoria
sucia y vergonzosa, abyecta
y vos, escoria inmunda, vos, perro negro,
te acercás a mí en el silencio de la noche
buscando algún contacto con el homínido que viste ahí parado
proyectando en tu mente imágenes placenteras
lo que nosotros llamamos esperanza, perro, esperanza
cuando yo podría ser de los que te patean
o, como mínimo, de los que te rechazan
te gritan que te vayas, te amenazan con la mano
porque sos sucio, inmundo, peligroso
pobre
sos un perro pobre
y a vos se atreven a hacerte
lo que no se atreven a hacer a los homínidos pobres
de los que piensan en el fondo exactamente lo mismo
aunque digan que exagero, que divago
que no sé lo que digo, aunque me digan romántico.

Vos sabés como yo que este no es un laberinto fácil
y no porque el piso sea duro y poco
y no haya muchas ratas para comer
y te acercás, porque las paredes no te ganan
porque los que te quieren lejos, o muerto, como sea,
no te ganan
y no le ganan a tu gesto tan vivo
tan sabio, primitivamente sabio
cuando llaman evolución a cualquier pelotudez
que justifique tu rechazo.

Perro negro,
¿qué puedo hacer yo por vos ahora?
Yo, con tanta idiotez adentro
temiendo que me contagies pestes
que me mate tu contacto porque soy de adentro,
yo que no soy de este lado de nacimiento,
ante tu heroísmo me emociono, canino
ante tus simpáticos pasos pese a todo esto
ante tu mirada cálida y amistosa
tu simple acercamiento, tu simple oferta
tu simple pedido, tu simple cola
me inclino, hinchado de admiración
y te acaricio la cabeza
con mi rosa mano de homínido
y vos movés la cola, perro negro.


Ernesto Alaimo

Agencia Walsh

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